Paranoias y divagaciones mentales

María está aquí

La aventura de Tenerife

en 26/01/2010

Al final quedamos a las 07:00 en Petrer para salir a Madrid, donde cogeríamos el avión para llegar a nuestro destino principal. Entre una cosa y otra, salimos como media hora más tarde de lo que habíamos acordado, pero llegamos bien sin ningún imprevisto.

Llegamos sobre las 11:30 a Madrid y despegábamos sobre las 14:50, luego nos teníamos que entretener con algo, no se tardan tres horas en comer un bocata, y nos pusimos a jugar al Poker con unas fichas caseras que hizo Lean. Yo sólo había jugado una vez y había llovido mucho desde entonces, luego me tuvieron que explicar otra vez las normas. Además de memorizar las reglas, jugábamos con una baraja a la que le faltaba una carta, el 10 de picas, y en su lugar se había cogido un comodín. Yo que lo había entendido mal y pensaba que el 10 de picas se convertía en comodín, hice, lo que pensaba que sería una jugada perfecta, y suelto: “¡Ja! ¡Chúpate esa, Alchapar! ¡Escalera Sucia!”. Claro, después de esta me la comí doblada, todos descojonándose de mí, ¡ya ves!, ¡qué poca vergüenza!.

Despega el avión y llegamos 10 minutos antes al aeropuerto del sur, cogemos el coche de alquiler (con los 600€ de fianza que no contábamos) y nos vamos dirección a Santa Cruz. No sabía que había tan poca distancia en la isla, apenas tardamos 2 horas en llegar de un extremo a otro. Dejamos el coche en un parking, nos damos una vuelta rápida por la capital y nos metemos en un super a comprar comida para el desayuno, un poco de Ron y demás guarradas.

Al acabar nos dirigimos al Puerto de la Cruz, donde teníamos el primer apartahotel. Estaba bien, no nos podíamos quejar, pero claro éramos tres parejas, dos habitaciones y un sofá y, para variar, nos tocó a nosotros. Menos mal que una de las parejas que les tocó la habitación con las dos camas individuales nos dejaron dormir con ellos y… donde caben 2 caben 4.

A la mañana siguiente nos fuimos a Loro parque, una especie de zoológico muy bonito. Comimos allí y luego nos fuimos a ver la ciudad.

La idea era ver los Lagos Martianez, pero llegamos tarde, nos pusieron obstáculos por el camino, un montón de tiendas y, esta vez, fue más bien por los machos del grupo, que querían ver los aparatos electrónicos.

El segundo día nos tocaba el Teide. Recogimos todas las cosas ya que las siguientes noches las haríamos en el Sur, y nos encaminamos al volcán.

Fue una pasada, me encantó todo. Subimos al funicular y de allí a la cima. No se puede subir sin permiso, pero Lean ya lo sabía y lo pidió con antelación. Menos mal, ir al Teide y no subir me parece algo inconcebible. Según se va subiendo se empieza a acrecentar el olor a azufre y en el suelo se ven unos agujeritos húmedos y si se pone la mano encima se notan los vapores calientes, ¡una pasada! Cuesta llegar, parece que no, pero la falta de oxígeno se nota. No es mucho lo que hay que subir, pero cuesta un poquitín o al menos a mi me costó. Desde el cráter se ve como salen los vapores, se ve perfectamente que está activo.

De bajada fuimos a ver la roca del billete de 1000 pesetas (Roques de García) y de ahí a ver los Gigantes. La playa estaba todavía cerrada, pero hay un mirador un poquito más arriba. Y de aquí a la playa de La Arena, que teníamos mono de playita. Lo malo es que llegamos un poco tarde y ya no hacía tiempo de bañarse, pero disfrutamos de un atardecer precioso. Me encantó.

Al anochecer nos fuimos al siguiente apartahotel. Nos quedamos con la boca abierta. Esté sí era extraordinario.

A la mañana siguiente nos fuimos a La Gomera. Hay que ir en barco, claro, y nos llevamos el coche. Aquí no nos dio tiempo a ver mucho, pero lo que vimos, también fue precioso. Nos hubiese gustado pasar, al menos, un día entero en esta isla, que de verdad lo merece, pero el último barco salía sobre las 16:30. Volvimos un poquitín antes de la hora de embarque y nos quedamos en una playita de Santander de la Gomera donde Lean se bañó.

A la vuelta decidimos relajarnos un poco en el hotel y aprovechar un poco las instalaciones. Lean y yo nos bañamos en la piscina, que el agua estaba muy buena, y luego nos juntamos con los demás en el jacuzzi. Nos metimos 6 en uno de 4 y estuvimos un montón de tiempo en lugar de los 15 minutos que recomendaban como máximo.

A la mañana siguiente dejamos el paraíso para incorporarnos a la cruda realidad, pero, como no, con imprevisto. Lean y Ophe se dejaron la cámara de fotos, con toda la historia de Tenerife, en el aparcamiento de larga instancia, pero consiguieron hablar con ellos y la tienen localizada, en breve llegará con su papi y su mami.

Aunque parezca mentira, esto es un breve resumen, pero breve, breve…

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