Paranoias y divagaciones mentales

María está aquí

Mi experiencia con la lactancia materna

en 24/10/2013

Pues mi experiencia empezó muy mal. La sensación fue esa.

En el paritorio les pregunté si me la ponía mientras me cosían (me tuvieron que hacer una pequeña episiotomía) y me dijeron que no, que era muy pronto, que primero me sacarían a que la familia viera a la pequeña y luego nos dejarían en una sala de dilatación y allí me la engancharía.

Una vez en la intimidad, nos quedamos JC, la niña y yo y allí fue donde la niña se enganchó por primera vez. De momento bien. Pasaría como una o dos horas, la verdad es que ni idea, hasta que vino la matrona a ver como iba la cosa. Dijo que se enganchaba bien y nos subieron a planta.

Allí cada poquito me la iba enganchando. Mamaba poco y se dormía y así cada dos por tres. En seguida me dio la subida de leche y las tetas se me pusieron durísimas y enormes, así que la chiquilla se cansaba mucho y cada vez comía menos. Allí estábamos mi madre y yo apretándome la teta para que el bicho cogiera teta… Eso sí me dolía. Hacíamos mucha fuerza.

Yo daba a luz el domingo de madrugada y el alta me lo tendrían que dar el martes por la mañana.

Llegó el esperadísimo (tenía a una gitana de vecina de habitación) martes por la mañana y yo estaba bien, pero había que esperar al medio día para que el pediatra viera a mi alíen y ver así si nos daban el alta. Bueno, pues le hicieron la prueba del azúcar y salió bajo. Poco por debajo de 50, así que no nos daban el alta todavía. Yo me desmoroné, supongo que fueron las hormonas que hicieron de las suyas, pero empecé a llorar y no paraba.

Sobre las 18 le hicieron otro control y esta vez ya estaba en 53, si sobre las 21h el azúcar seguía así nos darían el alta, sino no sé, nadie me explicaba nada, solo que había que subirle el azúcar y ya. ¿Era grave? No sé, nadie me decía nada y la verdad es que yo tenía boca para preguntar, pero en ese momento estaba tan baja moralmente, que no se me pasaba por la cabeza preguntar nada.

El personal del hospital que pasaba por la habitación me miraba y me decía: “es que la coges mal” “se engancha bien, pero la tienes mal cogida” y alguna cosa así, de mala forma y sin dar más explicaciones. Si me madre y yo estamos ocupadas apretándome la teta, ¿cómo voy a poder estar en todo? Si la cojo mal, dime como cogerla y no te limites a señalar con el dedo y a decir “lo entiendo, es normal que llores. Llora y desahógate”. Ahora lo pienso y me enervo…

Llegó las 21 y volvió a estar baja de azúcar. Yo, que ya me había animado un poquito, volvió a darme el bajón. Vino la doctora y me mandón darle un pelín de biberón yo no entendía porqué, así que cuando me lo mandó entendí que mi leche era “mala”, que no aportaba todo lo suficiente para mi pequeña. ¿Había hecho algo mal durante el embarazo? Ni idea, pero en mi cabeza solo estaba ese runrun y mira que había leído mucho sobre lactancia materna y sabía que poca leche no es suficiente para alimentar íntegramente a un bebé con ella, pero mira… en ese momento yo no daba más de si.

Tardé unos minutos en dársela. Y hablando con mi padre después me dijo que porqué no me habían ofrecido el extractor de leche si todos los hospitales tienen uno, antes de mandarme la leche de fórmula. Yo no tenía ni idea y fui a pedírselo para vaciarme un poco las tetas. Las tenía enormes y más duras que una piedra. Vino una trabajadora, no sé si matrona, enfermera, auxiliar o celadora, allí nadie me decía qué era y todos daban consejos como si fueran especialistas en la materia. Me dijo: “lo enchufas, te lo colocas en el pecho, esta ruleta a máxima potencia y te sacas muy muy poco, prácticamente nada. Cuando acabes la devuelves”. Le pregunté si podía dárselo después y me dijo que no, que ya le había dado la ayuda y que no podía darle más. Era raro, porque la doctora me dijo que me la podía enganchar a la teta, pero ahora resulta que no le puedo dar mi leche extraída. Yo no entendía nada.

Cuando me disponía a darle mi poquísima leche extraída, sobre las doce de la noche,le hicieron otro control de azúcar y salió a 80 y pico, creo. Así que nos dieron el alta de madrugada (me verían tan mal que no querrían esperar) y al día siguiente tendríamos que volver para que la controlasen de peso y azúcar. La recomendación fue que me la tenía que enganchar al pecho cada dos por tres y cada 3 horas sin falta le tenía que dar biberón de fórmula. Así hasta el medio día del día siguiente.

Mis padres se acababan de ir a la farmacia de guardia, se les ocurrió comprarme unas pezoneras para ver que tal y volvieron a ayudarnos con la mudanza. Por fin íbamos a casita.

Me puse la pezonera y eso fue un milagro. Aquella se enganchó y comió un montón. Luego le ofrecí el biberón con mi leche (la que me saqué en el hospital) casi ni la probó y cada 2 horas me la enganchaba al pecho y el biberón decía que nanai, que no lo quería, solo pecho con pezonera.

Al día siguiente volvimos al hospital, la pesaron y en un día había cogido 100 gr. Estaba genial. La Dra. se quedó muy sorprendida y yo muy orgullosa por que lo habíamos conseguido. Sé que no lo hubiese logrado sin el apoyo de Juan Carlos y de mis padres, que estuvieron ahí en todo momento, apoyando sin dudarlo.

Puede parecer una chorrada, pero para mí era algo muy importante el poder darle el pecho y sigue siendo unos momentos únicos que puedo disfrutar con mi pequeña. 🙂

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