Paranoias y divagaciones mentales

María está aquí

Otras madres…

en 06/08/2014

Sí se agradece hablar a veces con otras madres, pero no siempre. Donde vivo hay algunas repipis que me miran mal cuando voy al parque sin descansar, con ojeras y con pelos de loca y suspirando porque hoy no puedo más. Porque hoy la chiquilla no para quieta ni un segundo y sólo puedo ir detrás de ella en tensión, temiendo por si se cae y pensando en que hoy no llego, en que hoy no me da tiempo a hacerle la comida y mañana le tengo que dar un potito prefabricado, estando sin trabajar. Vale, vale, fue una vez. Sólo una vez, pero ahora ya noto esa mirada de superioridad, de si yo puedo, porqué tú no… Ahora si me ven por ahí sin la niña me preguntan con rintintín que si voy sola… y yo sólo puedo pensar en ese día.

Veníamos de pasar unos días en casa de mis abuelos, mis tías y mi hermano. De estar con muchas manos de ayuda, que agotaban, a la vez que excitaban, a la ranita. Vamos, un lujo. Es más, hasta nos dimos el gustazo de dejarla “abandonada” con mi familia mientras nosotros nos íbamos a por una cerveza y unas croquetas, después de un lujoso paseo por el Rastro. Nos sentó genial y yo disfruté demasiado.

Pues como la vida misma tiene un fin, el final de ese pequeño paraíso llegó. Nos volvimos a casa, lejos de la familia de ambos y mi marido empezó a trabajar. Me quedé sola con la chiquitota después de mal acostumbrarme y tenía que hacerle comida porque no quise hacerla antes del viaje por si se iba la luz y me tocaba tirarlo todo. Misión imposible.

No me peiné, no durmió siesta y quiso fiesta de noche. Mis ojeras llegaban a las plantas de los pies. Ni me molesté en maquillarme. Un cuadro parecía, pero un cuadro abstracto de mí misma. La niña sólo quería paseo por aquí y por allá. Al final acabé yendo al parque porque no aguantaba ni un segundo más en casa. Error.

la foto 1

Allí estaban 2 madres con las que había coincidido en la educación maternal. Arregladas, delgadas, maquilladas… Vamos, monísimas de la muerte. Y llego yo… con mi aspecto de andrajosa y para el arrastre. Y me quejo, mientras la niña corre (agarrada de mi mano o a gatas) de un lado a otro del parque y cuando apenas había aguantado ni 5 minutos en el balancín. Yo sólo decía “hoy no puedo, hoy no puedo, hoy no puedo…” Y “llevo un día… Hoy no puedo, hoy no puedo, hoy no puedo…” La contestación fue sencilla, directa y muy clarita. “Pues como todas”, mientras, con esa sonrisita de superioridad balanceaban desde hace más de 30 minutos a sus hijos, los que apenas se habían movido en estos 30 minutos ni para parpadear… Yo sólo deseé que la tierra me tragase.

la foto

Cogí a la niña, fui a comprar la comida para prepararle sus potitos caseros, fui a casa, me puse música de veraneo y me abrí una cerveza y empecé a prepararle las comidas. Liberé a la fiera, dejándole la cocina y el pasillo para moverse a sus anchas y disfruté. Cuando vino el padre de la susodicha, nos fuimos a cenar, pues habíamos quedado.

Ese día aprendí a que cuando viera las cosas “negras” tenía que relajarme. Con una sonrisa todo sale mejor. Pero cada vez que veo a esas madres noto esas miradas de superioridad y no puedo parar de recordar que hubo un día en que reconocí que necesitaba ayuda o acabaría en el manicomio. 😁

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